CURACIÓN Los fenómenos de curación parecen haber sido frecuentes en tiempos de los apóstoles (Lc. 9:1, 1 Cor. 12, Santiago 5:14-16) no es justificable presumir que el poder de curar se confiera en la ordenación ni que el don de curar sea otra cosa que un don carismático, pero en el gran Poder Revivificante del Espíritu Santo, en la gracia de la absolución en los Santos Oleos para enfermos y en el sacramento de la Santa Comunión, la iglesia tiene medios de gracia que de manera imponderable fortalecen los métodos de la medicina moderna. Ha llegado el momento en que las funciones de curar y las sacerdotales se consideren complementarias en cierta medida, por que los males del cuerpo son, en muchos casos, el resultado de dolencias internas del alma y en todo caso pueden ser mejor remediados cuando el alma esta en paz. Por esta razón reconocemos y aceptamos que existen fieles que han sido dotados con estos dones, a estos los denominamos TAUMATURGOS y para ser reconocidos como tales por nuestra institución deben de apegarse a las directrices que sobre la materia existen en nuestros rituales y disposiciones canónicas.
La Iglesia trata de restablecer este ministerio de curación en el lugar que le corresponde en la economía de la vida. Otro rasgo especial de la obra es como cree la iglesia que los antiguos ritos para la administración de los sacramentos están basados, en sus partes esenciales, en la sabiduría de Cristo mismo. Por que el “Camino de la Cruz” significa desarrollo progresivo del Espíritu-Cristo dentro del hombre y a lograr este fin están destinados los sacramentos de su Santa Iglesia. Nuestra iglesia es una iglesia Cristiana viviente histórica en cuanto sostiene que la iglesia ha transmitido una herencia muy preciosa del Cristo mismo.
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