ANTECEDENTES HISTORICOS

IGLESIA SANTA, CATOLICA, APOSTOLICA, TRADICIONAL MEX-USA

 

 

Para comprender la filosofía y pensamiento de nuestra iglesia es necesario el remitirnos a los antecedentes históricos de las Iglesias Veterocatólicas (Católicas Antiguas), pues nada tenemos que ver con los movimientos “Tradicionalistas” o grupos que salieron por las decisiones del Concilio Vaticano II o las reformas a la Misa Tridentina y la aparición del “Novus Ordo Misae” de Paulo VI, conservamos en la celebración Eucarística en nuestra liturgia el Rito Tridentino en lengua vernácula del país donde nos establecemos, pero definitivamente nuestra filosofía y pensamiento es opuesto a los conocidos como “Tradicionalistas” o los grupos “Lefebvristas”, nosotros mantenemos el espíritu, filosofía y doctrinas de nuestras iglesias madres la Católica Antigua y la Católica, Apostólica Brasileña.

Nuestro Señor Jesucristo fundó una sola Iglesia:

La Iglesia   UNA,   SANTA,   CATOLICA,   APOSTÓLICA.

 

El significado de las características enunciadas son:

UNA:

 La iglesia es una por que es un solo cuerpo espiritual, tiene una sola cabeza: JESUCRISTO, y esta animada por un solo espíritu, el espíritu de Dios (ef. 1:22-23. La unidad de la iglesia se expresa en la misma confesión de Fe, en la comunión, en las oraciones y en los sacramentos.

SANTA:
 
 Por que es Santa como su base, nuestro Señor Jesucristo.

CATOLICA,  “ UNIVERSAL o ECUMÉNICA “:

Del griego  KATHOLIKI, por que su mensaje está destinado a todos los hombres y pueblos. Por que no esta limitada por ningún lugar, tiempo o pueblo, por que esta abierta para todo aquel que desee unirse a ella.

APOSTÓLICA:

Por que conserva sin interrupción la doctrina y la sucesión de los dones del Espíritu Santo, desde el tiempo de los apóstoles (ef. 2:19-22)

Cristo fundó su iglesia como depositaria de la gracia y de los medios de salvación y su finalidad es continuar la obra de la salvación y conducir a los hombres al reino de Dios. (Jn. 3:16-17; Hch.1-3)

Los miembros de la iglesia serían los que mediante la predicación de sus apóstoles creyeran en Él y fueran bautizados. (Mt. 28:19-20; Jn. 3:5; Mc. 16:16)

En Pentecostés, envió al prometido Espíritu Santo, a sus Apóstoles, quienes con la Bienaventurada Virgen María, las mujeres y hermanos, se hallaban reunidos en la misma sala donde se realizó la cena y perseveraban en oración y ruego (Hch. 1:13-14), siendo esta la primera comunidad de creyentes en Jesús, la primera iglesia Cristiana.

La doctrina cristiana fue revelada de viva voz a los Apóstoles por el Divino Maestro. Esta revelación oral fue transmitida en el seno de la iglesia, de generación en generación, a todos los que estaban unidos por la caridad, amor. La Fe y la Esperanza.

Los fundamentos de la enseñanza del Salvador fueron escritos por los apóstoles y evangelistas y confiados a la iglesia, que reunió los textos aprobados con el nombre de Libros del Nuevo Testamento, que junto con el Antiguo Testamento formaban la Sagrada Biblia. La revelación que recibimos por Cristo, es definitiva. No hay otra revelación más perfecta para la salvación del género humano.
 

La administración de la cristiandad siempre ha sido ejercida por los Obispos; todos con iguales derechos y los creyentes de la iglesia siempre unidos por su fe, sacramentos y prácticas comunes a ellos. La suprema autoridad de la iglesia para tratar los problemas de índole general y de doctrina fue y sigue siendo el Concilio Ecuménico, esta autoridad debe ser reconocida por la conciencia de la iglesia.

Para defender la verdad y dar las correctas interpretaciones, y demás materias normativas eclesiásticas, fueron convocados los concilios Ecuménicos:

 

Concilio de los Apóstoles:
Celebrado en el año 43-44, pone en claro a las comunidades cristianas el que no es necesaria la circuncisión para la salvación del alma “...ha parecido bien al Espíritu Santo y a nosotros, no imponeros carga alguna, más que las cosas necesarias...” (Hch.15)

Primer Concilio Ecuménico:
Convocado por el emperador Constantino el Grande en Mayo 21 del año 325, en este concilio se condenó la herejía del Arrinismo, dictó la primera parte del Símbolo de la Fe, conocido como el Credo o símbolo de Nicea, determina la manera de fijar la celebración de la Pascua y dictó veinte cánones.

Segundo Concilio Ecuménico:
Convocado por el emperador Teodosio el Grande, en Constantinopla, en el mes de Julio del año 381, este  concilio condenó la herejía de Macedonio, las doctrinas de Apolinar, Eunomio y Eudoxio; Confirmó la Divinidad del Espíritu Santo como la Tercera persona de la Santísima Trinidad, le agregó al Credo niceno la frase “...y su reino no tendrá fin...”

Tercer Concilio Ecuménico:
Convocado por el emperador Teodosio en la ciudad de Efeso en el año 431, este concilio condenó a Nestorio por sus doctrinas equivocadas y declaró a la virgen Maria como Madre de Dios (Theotokos)

Cuarto Concilio Ecuménico:
Convocado por Marciano y Pulqueria en Oriente y Valeriano III en Occidente, en la ciudad de Calcedonia en el año 451, este concilio condenó la herejía de Nestorio, anuló un concilio convocado en Efeso por Dióscoro, en el año 448, reafirmó el símbolo de la fe de Nicea y dictó treinta cánones.
 
Quinto Concilio Ecuménico:
Convocado por Justiniano I, en la ciudad de Constantinopla, en el año 553, sus actas se redactaron, ocho actas en latín y cinco en griego, este concilio no dictó cánones, solo catorce condenas en contra de las herejías, como veinticinco en contra de los seguidores de Orígenes.

Sexto Concilio Ecuménico:
Convocado en el año 680 y terminó en el año 681, presidido por el Emperador Constantino IV, este concilio decidió acerca de las dos naturalezas de Cristo, como las dos voluntades, condenando la enseñanza de una sola naturaleza y una sola voluntad.

Séptimo Concilio Ecuménico:
Se reunió en el año 786, fue interrumpido por los soldados y se reunieron hasta el año 787 en Nicea, este concilio decidió la veneración a los Iconos, condeno a los iconoclastas y afirmó que venerar y posternarse ante los Iconos es una señal de respeto a los que están representados por las pinturas, sin adorarlos, por que la adoración  es únicamente para Dios y no para otro ser.  

 
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